La
generación del 14 cubre una élite de intelectuales españoles que
imaginaban un desarrollo cultural y científico para su país frente
a la Primera Guerra Mundial que estaba teniendo lugar en países
vecinos, pero que no llegó a tocar a España. Estos intelectuales eran
cultos y comprometidos con la modernización y europeización, que
era su gran objetivo. Europa significaba para ellos ciencia, razón,
universidad, cultura e investigación, todos valores deseables para
una nueva España vanguardista.
Los
intelectuales de la generación del 14 eran participantes activos en
la política española con el fin de realizar su propuesta de cambio
hacia la modernidad y un cambio de valores civiles. Se han hecho
grandes los nombres de José Ortega y Gasset junto a Gregorio
Marañón, Manuel Azaña, Leonardo Torres Quevedo, Ramón Pérez de
Ayala y Gustavo Pittaluga entre otros, y cumpliéndose este año el
centenario de esta influyente generación, la Biblioteca Nacional de
España les rinde un homenaje con una muestra titulada “Generación del 14, Ciencia y modernidad”, en la que se exponen más
de dos centenares de piezas -algunas de ellas inéditas, entre
pinturas, esculturas, fotografías, manuscritos, cartas, material
científico, obras de arte, libros- estructuradas en seis
apartados las diferentes facetas del legado intelectual y científico
de la Generación del 14.
Machado,
Marañón, Ortega y Gasset y Pérez de Ayala en un acto de apoyo a la
República en 1931
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Las
obras expuestas muestran los intelectuales en varios momentos de sus
carreras y algunas de las obras más significativas para esta
corriente como los
manuscritos, el de España
invertebrada o
el de La
rebelión
de
las
masas de Ortega y Gasset, además del manuscrito de su conferencia Nueva
y vieja política.
Como
muestran las obras expuestas, esta generación no era formada sólo
por hombres de letras, sino que también hacían parte de ella
artistas, doctores y científicos, que realizaron grandes avances en
el ámbito de la ciencia y de la medicina, como Santiago Ramón y Cajal quien obtuvo el premio Nobel de Medicina por sus
descubrimientos en neurociencia.
La
que llegó a ser la República
de los intelectuales
de Azorín era un grupo ejemplar de gente culta y dispuesta a dedicar
su vida a la mejora de España para igualar a las élites europeas.
No solo dejaron sus huellas en España, sino que también lograron
contactar con el universo cultural y científico de América,
estableciendo una corriente de intercambio de ideas con el continente
en su momento de esplendor.
Dr.Pittaluga
practicando una autopsia en presencia de T.Hernando y G.Marañón
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Mientras
hace 100 años atrás los miembros de la generación del 14 se
esforzaban por cambiar el mundo en que vivían, alcanzando puestos en
la política y reconocimientos de nivel internacional por sus aportes
a la ciencia y a la cultura, hoy resulta difícil reconocer la figura
de un intelectual, para no hablar de uno que se involucre en política
o simplemente en mejorar algún aspecto de la sociedad en la que
vive.
Tenemos la tendencia a identificar un intelectual con alguien
culto, que sabe mucho sobre algo, sobre todo en ámbito literario y
cultural. Lamentablemente, no nos damos cuenta de que los
intelectuales del futuro son los estudiantes de hoy, quienes deberían
formarse, acudiendo también al extranjero, instruirse para poder
difundir sus conocimientos y mejorar su propia sociedad.
Sucede
muchas veces que nuestro país no apoya bastante a estos jóvenes,
que se ven obligados a abandonar su país natal para perseguir su sed
de cultura, sin dar marcha atrás.
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"Tertulia en el café
Pombo" de Gutiérrez Solana (1920).De pie, Ramón Gómez de la Serna.
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No
es que los intelectuales no quieran intervenir en los cambiamientos
de la civilización, sino que es la sociedad actual quien no les da
espacio para pronunciarse, ya que está invadida por economistas,
políticos muchas veces ignorantes y sobre todo influenciados por los
lobbies que deciden como debe funcionar el mundo.
E.C.
E.C.

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